lunes, 15 de octubre de 2012

Perderse

Siempre que el día me lo permite, voy a la facultad en bicicleta. Un día, hace un mes y algo, cuando estaba volviendo, me sorprendió cruzar la mirada con un nene de quizás 9 o 10 años que, al verme andando, empezó a correr a mi lado por algo más de media cuadra. Los dos sabíamos que no iba a poder seguir el ritmo y, sin embargo, el corría con una sonrisa en la cara. Por supuesto, yo no pude evitar sonreír.
  
Este martes pasado el día parecía estar lindo para andar en bici. Cuando salí de casa me encontré con un increíble viento en contra en ambas direcciones de mi recorrido. Con el cansancio que suelo tener, sobre todo teniendo en cuenta que en el partido de la noche del lunes me había comido un golpe y me dolía la pierna, podría haberme puesto de mal humor. En cambio, me hallé a mi mismo disfrutando el desafío y recordando cuanto me gusta andar en bicicleta, cosa que a veces, por la rutina, olvido. Ese viento en contra era muy fuerte y realmente desalentador, sumado al hecho de que era probable que terminara llegando una vez ya comenzada la clase, pero seguí pedaleando y, a diferencia de lo que creía, llegué a buen tiempo.

El lunes de la semana pasada rendí un examen. También tuve que entregar 4 láminas de dibujo técnico. Ese fin de semana, es decir, desde el viernes a la tarde hasta el domingo a la noche, me había ido a un encuentro de jóvenes en Villa Gesell. Debo reconocer que no le estoy dedicando a la facultad el tiempo ni el esfuerzo que debería y/o me gustaría. Esa semana no había estado de lo mejor. Digamos que estaba con un bajón interesante, que me quitaba las ya pocas ganas que tenía de estudiar. Sabiendo que tenía que ponerme las pilas sí o sí, no lo hice. Terminé pasando la tarde y toda la noche del jueves, además de todo el viernes (antes de salir para Gesell) sin dormir, entre dibujar las láminas y empezar a estudiar la materia que rendía.
El viernes a la noche nos acostamos alrededor de la 1 y pico o 2 de la mañana para levantarnos el sábado a eso de las 7 y tener un día muy largo, que terminó a la 1 y pico o 2 del domingo, para levantarnos nuevamente alrededor de las 7 y algo y tener otro día largo hasta el regreso a Mar del Plata. Llegamos a las 20. Fui a casa, me bañé, comí algo y, con el cansancio del encuentro, terminé las láminas y seguí estudiando para el parcial. Alrededor de las 3 y media, nada de lo que leía tenía sentido. Pensé en acostarme 2 horas y levantarme a seguir estudiando antes de ir a rendir, pero la parte de levantarme se complicó y terminé por hacerlo a las 7, llegando solo a repasar un poco más.
De alguna forma, algo me ayudó a no quedarme dormido durante el examen y, contra toda probabilidad, más allá de que me podría haber ido mejor, aprobé.


Hay muchas situaciones que pueden llevar a uno a sentirse 'raro'. A veces son confusiones; a veces, decisiones que tomar; pueden ser actitudes de otras personas que nos descolocan; a lo mejor, son actitudes propias. En esto último me quiero detener hoy.

Sin duda alguna es difícil evitar que factores externos influyan en nuestro estado anímico. En lo personal, me afecta muchísimo el no estar bien con alguien importante para mi. En un par de semanas 2 personas me dijeron algo que me movió totalmente el piso y no para bien. Me explicaron, aunque sin mucho detalle, que les molestaban ciertas actitudes de mi, actitudes que llevo años intentando modificar y, en cierta medida, creía superadas. Además, una de ellas me dijo que cree imposible que se cumpla una pequeña esperanza que aún conservaba y deseaba pudiera darse en el futuro. Me hizo sentirme estancado y preguntarme qué sigo haciendo tan mal que no me deja crecer como persona. Me olvidé que todo lleva su tiempo...



Algo similar he podido observar en amigos y conocidos. Hay cosas que nos llevan a perder de vista objetivos o anhelos y también perder, de alguna forma, a ciertas personas. ¿Cómo ocurre esto? Pues, a lo mejor por acostumbrarnos a una actividad que compartimos con alguien, llegamos e olvidarnos por momentos lo que nos motivó a realizar aquello y el lazo que genera o fortifica, dejamos de apreciar con todo su valor a la persona detrás del hábito.

Me llama mucho la atención cómo a veces nuestra mente puede jugar con nosotros. Existen situaciones en las que intentamos con tanto ahínco olvidarnos de algo o de alguien, que terminamos por convencernos de que no lo queremos y olvidamos el bien que ese afecto realmente genera en nosotros. O, al revés, tratamos con tanto esfuerzo mantener algo que a lo mejor ya no nos permite crecer, que acabamos por convencernos de que lo necesitamos o somos necesarios, cuando realmente no es así y debemos dar un paso adelante.
Con todo esto en la cabeza desde hace ya algún tiempo, no podía definir la idea que me lleva a escribir, por más que lo deseaba. Es así que me sorprendió hallarme en el desgano, en una situación que se aleja bastante de lo que busco vivir. Esto es, tratar de ponerle onda a la vida, día a día. ¿Cómo iba a poder manifestar lo que sentía, si me había perdido yo mismo?

De alguna forma el mundo me volvió a hablar o, mejor dicho, pude volver a escucharlo. Por ello me fascinaron las tres situaciones que describí al principio. Me hicieron re-descubrir que, aunque las cosas sean difíciles, hay que seguir andando, intentando, esforzándose, creyendo, manteniendo las esperanzas y los sueños.

Al estar desorientados, no siempre ayuda frenar e intentar reconocer lo que nos es desconocido. Quizás, unas cuadras más adelante, podamos ubicar algo que sea más familiar. Alguna que otra vez, esas cuadras pueden ser simplemente mirar a alguien más allá de sus ojos. Alguna que otra vez, mirar a alguien más puede ser mirarse a los ojos en un reflejo y reencontrarse.

En el mismo desgano que tenía y entre alguna que otra lágrima, se fueron presentando conversaciones o simples gestos de personas que me ayudaron a reencontrarme... De sus manos, me empezó a hacer eco un mensaje hermoso:

''Lo imposible solo cuesta un poco más''

lunes, 20 de agosto de 2012

Palabras

Iba un hombre caminando su trayecto de todos los días, pero había algo diferente. Quizás una buena noche de sueño, un reconfortante desayuno o algo en el beso de ''buena suerte'' de su mujer había transformado, por esta vez, su mirada sobre el mundo. A medida que avanzaba se iba sorprendiendo al toparse con carteles que nunca había podido reconocer del todo. Nombres de calles, publicidades, algunas señales de tránsito y alguna calcomanía pegada en el parabrisas de uno que otro auto. Descubrió, para su propia sorpresa, que las palabras no son solamente un conjunto de letras, sino que encierran una historia y un misterio más grande del que muchos aprecian...

Las palabras tienen vida. Hay palabras complicadas, simples, bellas, feas, poco usadas, comunes, suaves, fuertes, dulces, amargas, alegres, tristes, largas, cortas, impronunciables. Hay palabras que se esconden y palabras que mueren, algunas que se parecen y otras que nacen de forma curiosa. Las palabras tienen vida y, sin embargo, a veces lo olvidamos.

De tan acostumbrados que estamos a usarlas para comunicar lo que queremos expresar, podemos perder de vista el verdadero significado que tienen, o el mensaje que recibe quien las escucha. Para algunos, las palabras que se escogen son muy importantes. Y es que no es lo mismo pedir perdón que pedir disculpas; no es lo mismo sentir culpa que arrepentimiento; no es lo mismo olvidar que pasar por alto; no es lo mismo ''¿cómo estás?'' que ''¿qué hacés?''; no es lo mismo reír que sonreír; no es lo mismo llorar que lagrimear; no es lo mismo tener ganas que soñar; y sobre todo, no es lo mismo un ''te quiero'' que un ''te amo''. Es decir, quizás en otro idioma se pueda usar la misma palabra pero, al igual que las personas, cada palabra tiene una razón de ser y por tanto se las debe respetar.

Para empezar, es necesario buscar conocerlas, aprenderlas, saber cómo se pronuncian y como se escriben. De la misma forma que una amistad requiere un cierto tiempo de maduración y algunas experiencias en común para que la relación crezca y se genere un vínculo de confianza entre quienes la componen, uno no puede pretender usar palabras cuyo significado y/o naturaleza desconoce. Asimismo, como no es recomendable encerrar a una oveja y un lobo juntos en un cuarto, si se quiere sacar fruto de ambos, hay palabras que no corresponde usar en una misma oración. Muchos no se percatan de esto hasta que es muy tarde y terminan contradiciéndose a sí mismos o cayendo en desagradables e innecesarias redundancias.

Por otro lado, son también, como nosotros, seres sociales. Más allá de la riqueza que puede tener cada palabra por su cuenta, aumentan ese exquisito sabor cuando se combinan con otras para formar oraciones. Son pocos (y yo estoy muy lejos de incluirme entre ellos) los que logran armar oraciones PERFECTAS que resultan verdaderamente bellas, con todo lo que implica la palabra.

Lo mismo nos sucede a nosotros. De hecho, pasamos nuestros días buscando armar una frase que pueda expresar el sentido de nuestras vidas en plenitud. Y, sin embargo, en ocasiones nos quedamos sin palabras...

¿Qué representará el quedarse sin palabras? Yo creo que es tener el corazón y la mente impactados por algo que sobrepasa nuestro entendimiento. En este tipo de situaciones, uno puede llegar a sentirse avergonzado por su ignorancia, si se quiere, pero al contrario, debería regocijarse por descubrirse ante algo nuevo, desconocido, inesperado, que aparece para pasar a formar parte de si.

Las palabras tienen vida y llevan vida a quien se abre a su misterio. Es tan simple como que un ''te quiero'' no es lo mismo que un ''te amo'' y decir ''mi vida es tuya'' es más que unas palabras...

lunes, 18 de junio de 2012

Alas de papel

¿Por qué de papel? ¿Qué tiene de curioso el papel? Pues sobre papel uno puede proyectar simplemente casi todo. Cuando uno quiere describir algo, un sueño o anhelo, por ejemplo, busca palabras o imágenes que intenten acercarse a la realidad y, para que viva mejor el recuerdo, puede plasmarlo en un pedazo de celulosa procesado.
Cierto es que es frágil en soledad; quien intenta romper un bloc de hojas, en cambio, se encuentra con un interesante desafío. Si se arruga, dobla, corta o rompe puede no ser simple de reparar, si acaso se puede. Hay muchas cosas en la vida que no pueden repararse. Sin embargo, hay ''marcas de batalla'' que pasan a caracterizar a aquel que las lleva. Cada choque contra la pared es un aprendizaje más.

¿Por qué alas? Pues un par de alas tiene asociada libertad y puede tomar esos vientos que sacuden tanto para llegar más y más alto. Por supuesto que en algún momento tiene que bajar, pero tan solo imaginarse la perspectiva que se puede lograr desde ese magnífico lugar... Aunque baje, no puede olvidar lo que experimentó, lo que ya es parte de sí porque está impreso en su memoria. A lo mejor, también sobre papel. Además, las alas me resultan atractivas o me enamoran de cierta forma, se podría decir.

Quiero que seas mis alas de papel...
Quiero que me lleves tan alto como se pueda llegar...
Quiero aprender cada día...
Quiero poder entregarme y saber que sin vos caería...
Quiero que me hagas libre y que seas mi libertad...
Quiero poder leerte, quiero poder entenderte...
Quiero que puedas secar mis lágrimas...
Quiero que seas frágil, para poder protegerte...
Quiero que con una suave brisa, una caricia, puedas sostenerme...
Quiero que seas fuerte, para poder contenerme...
Quiero que seas una y un millón de experiencias, que no pueda borrarte...
Quiero que seas simple y a la vez fascinante...
Quiero que me hagas apreciar ser caminante...
Quiero que seas misterio y descubrirte...
Quiero que sientas mi luz...
Quiero que seas fuente de calor...
Quiero descansar en vos...
Quiero escribirte, confiarte mis sueños, confiarte mi todo...
Quiero que me atraigas y enamores cada vez más de tu amor...
Quiero que seas mi sostén, mi guía, quiero que marques mi rumbo...
Quiero que seas mi ''de donde vengo'' y mi ''hacia dónde voy''...
Quiero que seas parte de mí siempre...

Tu vida y tu mirada ya están grabadas dentro de mi piel...
Quiero que seas mis alas de papel...

lunes, 11 de junio de 2012

A-sombrarse

De vez en cuando, revisando algunos papeles o archivos, tratando de hacer limpieza, me encuentro con cosas de hace ya un tiempo cuya existencia no recordaba. En algunos casos la limpieza funciona y decido tirar cosas que realmente resultan inútiles; en otros, más de lo que yo creería en otras circunstancias, termino por hallarme en un viaje de tiempo y con los ojos y la boca bien abiertos. Debo reconocer, de todos modos, que me resulta interesante mi capacidad por fascinarme, maravillarme, sorprenderme con cosas que muchas personas pasarían por alto.

Algunos podrían decir, con razón, que por momentos me paso de hinchapelotas con los detalles. Me pregunto qué dirían si supieran todas las cosas que callo. Y sin embargo, más allá de uno que otro dolor de cabeza que dicha capacidad pueda generarme, a lo mejor por enroscarme mucho (conmigo mismo más que nada), es una cualidad que disfruto. Me ayuda, en general, a no aburrirme en casi ningún momento.

Digo ''en general'' porque por supuesto que llego a aburrirme. Incluso puedo llegar a sentirme aburrido con mi vida al sentir un vacío generado por añoranza, algún que otro día. Dejando eso de lado, hasta esos momentos me resultan fascinantes, porque me permiten intentar hacer una ''limpieza'' personal, mirar atrás y quizás hasta evaluar progresos en ciertos aspectos.

Puede ser cierto que hace dos años, por decir algo, era más feliz. Creo que estaba más conforme o me sentía más realizado con mi forma de ser. Se podría decir que tuve la dicha de pasar algunos meses siendo exactamente la persona que siempre quise ser. Suena loco, ¿verdad? Especialmente porque, si uno alcanza esa meta, no imaginaría que le gustaría cambiar. Pues claro que no me gustan algunas cosas que han pasado en estos dos años. Varias, incluso. Vale destacar que yo no busqué cambiar. Ciertas situaciones se escapan de nuestras manos, lo que no es nueva información para nadie. De todas formas es bueno reconocerlo. Como sea, así y todo, extrañando un poco ese hermoso sabor de felicidad casi plena, soy muy consciente de que así como es muy probable que me haya cerrado en algunos aspectos, también he crecido mucho en otros.

Y recién ahora, después de cuatro párrafos que ni siquiera estoy seguro de haber diferenciado correctamente, llego a la idea que me ronda desde hace algunas semanas. No es una idea propia, claro está. Eso es lo lindo de tener personas admirables acompañando en el camino. Sin darse cuenta y hasta olvidándose, te pueden tirar la justa. Incluso me resulta sumamente interesante que más de una persona me haya tirado la misma idea, por separado. Oscuridad interior.

¿Qué quiero decir? No hablo de maldad ni cerca. Es eso, oscuridad; cosas que no dejan ver la realidad tal cual es. En esta ocasión me atrae la idea de la oscuridad que no deja verse a uno mismo tal cual es. Entonces entra el juego de palabras que encabeza estas líneas. Asombrarse uno mismo. A-sombrarse. Es decir, dejar de lado esa oscuridad para poder apreciar la belleza que cada uno encierra. Sin ninguna intención de parecer narcisista, tengo la dicha de descubrir esto, como no podía ser de otra forma, a través de otras personas, que me demuestran que poseo potencialidades que yo desconocía.

Lo sé, lo sé. No es nada nuevo. Seguramente ya lo dije más de una vez. Pero no puedo dejar de sorprenderme por lo hermoso de esto. Es decir, año tras año, cuando ya no creo posible dar más, alguien me lo pide porque cree en mi. ¿Qué opción tengo, si no intentarlo? Y así como así, me enseñan a creer y dejar mis sombras de lado. Me quieren y me dicen que yo puedo quererme un poco más. ¿Qué puedo decir? Si alguien me hubiese dicho hace siete años que hoy estaría en el lugar que estoy, comprometido con las tareas que me proponen y con gusto asumo, no lo hubiese pensado posible. Y sin embargo, estoy aquí.

Miedos, preocupaciones, vergüenza, inquietudes, resentimiento, dudas, dolor, tristeza, egoísmo, soberbia, conformismo, comodidad, etc. Sean cuales sean las sombras que tengas encima, a partir de ahora (y no porque yo lo diga, sino porque me lo han demostrado), creé en vos. Podés a-sombrarte, sacarte de encima esas sombras y, con una sonrisa, asombrarte con la luz que tenés para dar. Es mucha más de la que podés imaginar.

lunes, 4 de junio de 2012

El milagro que hay en vos

Otra vez despierta el sol
que me invita a levantarme
aunque hoy no tenga ganas
de salir de este colchón
Con esfuerzo al fin me paro
y repaso la rutina
que me ayuda a protegerme
del dolor en mi interior
Pero aún me acecha ese sueño
que no llega a concretarse
y aunque no sea real me aferro
Sólo me queda el recuerdo
y el milagro que hay en vos

Porque volver el tiempo atrás
es tan solo una ilusión
No podés pegar la vuelta
cuando el barco ya zarpó
Hay que darle pa' delante;
aprender en todo instante
Cada día es un misterio
que nos hace renacer
Y si te cuesta darte cuenta
de lo mucho que valés
Asomate a un espejo,
ve en tus ojos el reflejo
del milagro que hay en vos

Cada risa es un regalo
Un tropiezo no es caída
Cada abrazo es un momento
de unión íntima y sincera
Cada piedra forma parte
de tu escalera hasta el cielo
Y si tus piernas se cansan
tenés alas de refuerzo
Escuchá siempre el sonido
de tu corazón latiendo;
marca el ritmo de tus pasos
y con fuerza anuncia siempre
el milagro que hay en vos

lunes, 28 de mayo de 2012

Para Variar

Durante las últimas semanas me vienen acechando recuerdos bastante nítidos. Algunos son hermosos; otros, no tanto. Incluso los hermosos, aunque saben sacarme sonrisas, pueden terminar en un fruncir de cejas, porque esta extraña añoranza que me arrebata constantemente va acompañada de una seguridad de que las cosas podrían ser muy diferentes si, en ciertas situaciones, hubiese hecho las cosas de otra manera. No estoy seguro de arrepentirme, porque considero que, dentro de todo, resolví muy bien. El tema es que creo que hice lo que debía, pensando que era lo mejor para todos y ahora me pregunto cada vez más si realmente fue así, o simplemente fue lo mejor para otros y no me tuve en cuenta a mí mismo. Siguen sin gustarme los condicionales, pero debo reconocer que me los estoy planteando bastante.

Así es, debería estar cursando en la facultad. Lo interesante es que no lo estoy. No me faltó la intención. Preparé la mochila, agarré la bici y salí en camino, pero llegando a Luro, sintiendo las gotas de una suave lluvia en la cara, me di cuenta que realmente no tenía las menores ganas de ir. No fue totalmente infundado; me duele la cabeza, estoy cansado y no quiero mojarme para después enfermarme. De cualquier forma, lo que hace de esta situación algo interesante es que estaba en camino y convenciéndome de seguir, pero volví. Me arrepentí, di media vuelta y, bueno, estoy en casa escribiendo un poco.

Es cierto, hace bastante que no escribo y uno esperaría que lo próximo fuese un poquito más que simplemente interesante. Es lo que hay. Y sin embargo, al menos por hoy, me alcanza. El tema es el siguiente. Toda mi vida vengo intentando hacer siempre lo que debo, incluso cuando no quiero. Cuando se presentan las faltas de ganas me convenzo de seguir adelante y si bien me ha sido de suma ayuda en incontables ocasiones, puede ser que haya cosas que simplemente no sean tan trascendentales, situaciones en las que por seguir un impulso mi personalidad y mis convicciones no se van a ver afectadas.

Quizás se trate de un aprendizaje más. Si no me gustan los condicionales, ¿por qué debería permitirles existir? A lo mejor, tan solo bajo ciertas circunstancias, tengo que permitirme hacer lo que me da la gana y ponerme a mi primero, para variar. A lo sumo puede ser que más adelante me arrepienta de no haber ido a la clase teórica que se está dando ahora mismo (aunque lo dudo, ya que tengo un módulo que dice exactamente lo mismo y puedo leerlo en casa) y se me complique un poco a la hora de estudiar. Como sea, será algo que enfrentaré en su momento. Lo cierto es que, en este mismo instante, no estoy demasiado preocupado porque, incluso si no me dura más de unas horas, hice algo que no suelo hacer, atendí a mis faltas de ganas y me siento bien. Curioso, ¿verdad?

Ya lo sé. La mayoría de mis recuerdos son mucho más complejos que el no tener ganas de ir a la facultad por un día y no puedo simplemente dar la vuelta y volver para hacer las cosas diferentes, pero sí puedo, de ahora en adelante, olvidarme de vez en cuando de lo que otros quizás esperen de mi, ser un poco más espontáneo, probablemente divertirme más y, en el camino, sorprender a los demás y, lo que me resulta particularmente atractivo, sorprenderme incluso a mí mismo. Podría pensar que perdí una clase, pero dejo de lado esa pérdida para rescatar que, aunque fueran solo unos minutos, pude disfrutar de andar en bici con una linda lluvia y sonreír. Aunque fueran solo unos minutos, me sentí libre.

lunes, 21 de mayo de 2012

Miradas

Supongo que no es un nombre muy original. Más de uno lo habrá pensado. Sin embargo, quizás capte la atención de alguien. Yo creo que ese es el punto, porque si hay algo que sabe llamar mi atención, cuanto menos, son sin duda las miradas. Lo que se suele llamar ''juegos de miradas'', debo reconocer, son de mis juegos preferidos. No estoy seguro de que sean divertidos de una forma clásica, pero no hay dudas sobre que saben sacar sonrisas y alguna que otra risa media cortada por los nervios o el fuerte palpitar del corazón. ¿Cómo puede generar tanto una simple mirada, con sus pocos segundos de duración? Ni siquiera es un beso, después de todo. Y he aquí lo mágico. Si un simple cruce de puertas del alma puede generar todo eso y permanecer inmortal en el recuerdo, la sola idea de un beso puede estremecer a uno al pensar en todo lo que puede hacer brotar.

Personalmente, me gustan los abrazos. Además, dicen que soy abrazable. Al pensar en algunas personas con las que comparto un cariño especial, un abrazo suele ser lo primero que se me viene a la cabeza. De alguna forma, sin palabras, transmite la esencia de la persona. Exactamente lo mismo sucede con una mirada, si ambos participantes se prestan a abrir las puertas, pero resulta aún más fantástico porque todo se produce a distancia, sin un mínimo contacto físico. La posibilidad de dar una caricia en el rostro ya entra en otra categoría de sueños hechos realidad. Como sea, nadie puede negar que se siente maravilloso cada vez que alguien llega, te mira, sonríe y ¡chiplatuf!

En fin, he detallado mi opinión acerca de estos nexos interpersonales en muchas ocasiones, por lo que quien haya prestado un mínimo de atención a lo que un loco sano como yo puede haber dicho alguna vez, no debe estar encontrándose con nada nuevo entre estas líneas. ¿Por qué, entonces, vuelvo a detallarlo? Para empezar, después de incluir a las miradas en tantos otros delirios, al fin caigo en cuenta que, nada más y nada menos, merecen ser tratadas en detalle. Por otro lado, si bien nunca dejaron de estar, ando jugando de nuevo últimamente.

Por supuesto que dicho juego anda produciéndome algo de añoranza, esperanza (¿o será ilusión? A veces me cuesta distinguirlas, como ya saben) y quizás, aunque no quiera reconocer, una pizca de confusión. ¿Cómo es que los disfruto, entonces? Cualquiera tendería a pensar que vuelvo a entrar en un círculo del que no puedo salir simplemente porque no quiero. En parte, puede ser cierto. Por otro lado, he intentado convencerme de que la otra participante se equivoca al encontrarme sobre el tablero, pero es tan buena jugadora que, aunque quiera negarlo con todas mis fuerzas, el mundo (si así quieren llamarlo) me termina conduciendo nuevamente a ella.

Y es inevitable. Aunque mire hacia todos lados y gire la cabeza cuando estoy por cruzármela, algo siempre me termina atrayendo y la pesco con ojos de enamorada. De acuerdo, debería censurar esta parte, ya que podría herir algunas susceptibilidades, pero terco como soy, sigo creyendo firmemente que uno debe abrazar la verdad siempre, incluso cuando no quiere escucharla. Después de todo, si una parte propone el diálogo y la otra no hace más que esquivarlo, sin arriesgarme a mencionar posibles razones, considero que da bastante que pensar. Más allá de eso, puede que la jugadora haya cambiado y ellos ni lo sepan.

Sin irme más por las ramas (o miradas, en cualquier caso), supongo que existen parejas no tan buenas, buenas, excelentes o extraordinarias. Creo firmemente que entre todas estas, hay parejas que están hechas para formarse y jugar, más allá del resultado final. No es una cuestión de destino, sino una cuestión de dos almas que se encuentran. Y ¡chiplatuf! Simplemente no se puede hablar más al respecto. De acuerdo, tanto yo como cualquiera podría decir mucho más, pero prefiero sumergirme, perderme en el recuerdo, sentir el brillo en mis ojos, el latido de mi corazón salame y la inevitable sonrisa que se asoma en mis labios. Ahora sí que no puedo hablar (o escribir), sino tan solo contemplar.