lunes, 25 de marzo de 2013

Stronger Beats

Once upon a time
I had this dream
The world was going to change
with some help from me
Once upon a time
I was sure of everything
then once upon a night
I learnt I'm not as strong as I once thought I'd be

A couple months passed by
and I felt lonely
Then once upon a day
a smile awoke me
I still can't figure out
what she wanted from me
I still can't figure out
who I'm supposed to be

But I ain't going to give up that easily
I'm still getting up and fighting on my way
I made a promise and I'm keeping it
I'm going to give my best until my one last breath

Once upon a time
my soul was broken
Some pieces I have found
and some are missing
Maybe I have to learn
patience is an awesome friend
Maybe I have to learn
there's someone outhere trying to give me life again

So I ain't going to give up that easily
I'm still getting up and fighting on my way
I made a promise and I'm keeping it
I'm going to give my best until my one last breath

Yeah I've had some rough years but I still believe
there are always good reasons for me to sing
If life's getting harder as we grow and bleed
then my heart is always getting stronger beats

Once upon a time
I had this dream
The world was going to change
with some help from me
I know that I have changed
and perhaps the world's the same
But I'm still living that dream
and then are more and more dreaming along with me

So I ain't going to give up that easily
I'm still getting up and fighting on my way
I made a promise and I'm keeping it
I'm going to give my best until my one last breath

Yeah I've had some rough years but I still believe
there are always good reasons for me to sing
If life's getting harder as we grow and bleed
then my heart is always getting stronger beats
my heart is always getting stronger

lunes, 25 de febrero de 2013

Un Domingo Diferente

Un loco está en el trabajo a punto de terminar su turno. A decir verdad, el turno termina a las 15 hs , pero siendo 15.10 hs, luego de terminar con algunas cosas que deseaba acomodar antes de irse, delibera en el vestuario si la temperatura estará para ponerse la malla o el jean. Se decide por el jean. Una de sus compañeras, al saludarlo, le dice:
-Apurate que se viene una tormenta bárbara y te va a agarrar andando en bici.
-Ok, gracias. Nos vemos mañana - responde él.
Malla entonces.

Sube las escaleras y se encuentra con que el cielo decidió empezar a dejar caer lluvia. Saluda al resto de sus compañeras y, antes de salir a mojarse, dispuesto a volver a su casa en bicicleta empapado sin ningún problema, sonríe diciendo:
-Dicen que es una cuestión de actitud, ¿verdad?
A un paso de la puerta del local, empieza a caer granizo como nunca antes había visto.
Se da vuelta riendo una vez más y comenta:
-Aunque la actitud no me alcanza para la piedra, jaja.

Hace entrar a todas las personas que se encuentran al lado de la puerta, bajo el techo del edificio donde se halla el café en el que trabaja, cierra la puerta y espera que las paredes de vidrio resistan el asedio. Una vez que deja de granizar la gente empieza a irse agradecida. Cinco minutos después, se pone en marcha.

Como de costumbre, empieza a pedalear por la costa hasta la calle Ituzaingó y sube por allí hasta estar a unas cuadras de su casa. Las calles están pintadas de blanco (el granizo casi parece nieve, si no fuera por el tamaño de las piedras), verde (hojas y ramas de un sinfin de árboles y plantas) y gente. En el centro, el hielo provoca caídas de unos cuantos de todas las edades. Va pensando que nunca ha visto tantas personas por la calle parada junto a sus coches y en las puertas de sus casas.

Mientras sigue pedaleando, pierde la cuenta de la cantidad de autos abollados y con los parabrisas rotos que aparecen; se estremece al ver a un abuelo con un trapo en la cabeza y sangre; se sorprende al ver palomas muertas y otros pájaros lastimados que, al intentar escapar de la tormenta, parecen no haber llegado; se queda boquiabierto al ver tejas apiladas en la vereda que solían estar colocadas en un techo. Y empiezan a escucharse sirenas.

Se cruza con algunos amigos y les pregunta cómo andan. Todos parecen estar bien, o al menos a los que se cruza. Entonces se da cuenta que ya no llueve y puede sacar el celular para empezar a llamar a sus familiares y amigos cercanos.

Ya llegando a su casa está un poco más tranquilo, aunque sigue fascinado por lo que pasó. El loco tiene que estudiar y, aún así, le surgen ganas de relatar algo acerca de un domingo diferente. No puede sacarse de la cabeza preguntas que (él está seguro) recorren toda la ciudad feliz.
-¿Ahora qué hacemos?
-¿Cuántos accidentes se reportarán?
-¿Qué estarán pensando los mecánicos y chapistas?

Sin embargo, otra pregunta reina su pensamiento...

¿Será un llamado de atención a valorar más lo que tenemos y, en especial, a quienes tenemos?
El loco, entre tanta locura, agradece tener sanos a los suyos.

Supongo que no está de más comentar que esa foto está sacada a una cuadra de mi trabajo

lunes, 31 de diciembre de 2012

Verdad-Consecuencia

Hoy pasó algo curioso. A la mañana, antes de abrir el local, mientras barría la vereda, apareció una chica de unos veintitantos. Toda la conversación fue con buena onda y la secuencia fue algo así:

Ella: (haciendo de cuenta que la pala era una especie de moto, creo...) -Brubrubrubrum... Brubrubrubrubrum... Nop, parece que no hay caso. No anda amigo...
Yo: (algo desconcertado) -Je... Ta bien, no pasa nada, me manejo.
Ella: -¿Te manejás?
Yo: -Sisi, tengo la bici.
Ella: -La bici... ¿Hacés ejercicio?
Yo: Juego a la pelota con amigos...

Yo seguí barriendo pensando que la cosa había terminado, pero ella se quedo parada a un metro mirando como limpiaba la vereda.

Ella: -¿Tenés que barrer de derecha a izquierda?
Yo: -No, tengo que barrer la parte blanca nomás. Voy de derecha a izquierda porque me resulta más cómodo así.

Un breve silencio.

Yo: -¿Sos de acá de Mar del Plata?
Ella: -No, soy de bariloche.
Yo: -Ahh, ¿estás de vacaciones?
Ella: -Con una amiga hace un tiempo fuimos para el norte y estamos viajando. Ahora vinimos acá para el verano.
Yo: -¡Qué lindo! Siempre tuve ganas de irme de mochilero o algo así...
Ella: -¿Sabés? Yo antes de empezar a viajar hacía lo mismo que vos.
Yo: -¿Trabajar? Sí... Igual no sólo trabajo. Estudio y hago algunas cosas más, por eso no me voy...

Nuevamente, un breve pero no incómodo silencio.

Ella: (mirándome de forma curiosa) -¿Sos feliz?
Yo: (volteando para mirarla a los ojos y sin dudarlo, con una sonrisa sincera) -Sí... Sisi, soy feliz.

Unos pocos segundos.

Ella: (sonriendo) -Bueno, gracias, que tengas un buen día y un buen año.
Yo: (también sonriendo) -¡Muchas gracias! Dale, vos también.

Verdad-Consecuencia... Ese curioso juego (¿juego?) se me vino hace unos días a la cabeza en un viaje de colectivo, de esos inspiradores. Dejando de lado el resto de los elementos (salvavidas, semáforo, etc.), me llamó la atención la dicotomía. Decíamos verdad o consecuencia, una u otra, cuando hoy por hoy creo que están íntimamente relacionados. Lo que quiero decir es que cualquier verdad cierta tiene directamente implicada una consecuencia. '¿Verdad cierta? ¿Eso no es una redundancia?', quizás puedas pensar. Sin embargo, no es lo mismo una verdad parcial, que a pesar de conocerla, cuesta creerla, que una que se experimenta y, luego, resulta absoluta, plena, completa, cierta...

Así es como se llega a este concepto de la Verdad Y Consecuencia. El experimentar dicha verdad acarrea un cambio radical en uno mismo, que puede desembocar en algo tan simple como modificar un hábito para simplificar una tarea, hasta cambiar la mirada sobre alguna cosa o, incluso, sobre alguna persona. Algunos hablan de 'Acontecimiento'. Como sea, el valor que descubro en este concepto me resulta fascinante.

Como cualquier persona, soy algo curioso, por lo que mi mente no se detiene con tanta facilidad al fascinarse. Es así que me hallé surcando nuevos planteos. Supongo que no está de más decir que la consecuencia puede no siempre ser positiva. A lo mejor, una verdad parcial también puede generar una consecuencia negativa determinante, o bien, un error. He aquí que un razonamiento, quizás tomado algo a la ligera, me sacudió:

Dado que todos nos equivocamos, puede resultar difícil juzgar un hecho calificado de error sin conocer el motivo o la verdad (que puede ser parcial o plena, según la persona y las circunstancias), que conduce a dicha consecuencia. Así, el análisis de un hecho se opaca ante el muchísimo más rico y complejo análisis del motivo del hecho. Para seguir, en lo posible, mi ensalada rusa de ideas, hay que comprender que un hecho puede ser tanto un acto u obra, como una omisión.

Lo sé, es algo impresionante cómo puede maquinar la cabeza cuando uno se lo propone y todo lo que dice una ventanilla de colectivo. Creo que la tormenta ayudó un poco... En fin, otro trayecto me hizo pensar en motivos genéricos, si se quiere, que nos llevan a equivocarnos, y posibles cualidades que me parece (total y completamente de forma subjetiva) pueden relacionarse con ellos.

Los celos son el motivo más irracional. El dolor y la tristeza, los más comprensibles. El odio, el más lamentable. El enamoramiento, el más sufrido. El orgullo, el más avergonzante. La ignorancia, el más justificado. La soberbia, el más común. La desconfianza, el más solitario. Las dudas y los condicionales, creo, son mis predilectos...

Cinco minutos después de terminada la conversación con esa curiosa chica de Bariloche, me tenté a cuestionarme por qué no le había preguntado su nombre. Casi inmediatamente caí en cuenta que no hacía falta. Hace algún tiempo tenía que pensar dos veces antes de poder afirmar mi felicidad, e incluso me costaba un poco convencerme de ello. Hoy, lo dije en voz alta como una Verdad cierta que repercutió en predisponerme para tener un gran día.

La vida siempre puede sorprender y, más allá de los motivos que puedan condicionarnos, no estamos determinados por ellos. Hasta el último instante podemos ejercer nuestra libertad y optar por una consecuencia positiva que nos propone la Verdad plena, hecha carne y experiencia en lo más profundo de nuestro interior.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Pista III

Otro día más, caminando hacia la parada de colectivo, él iba sumido en pensamientos quizás algo melancólicos. Sin comprenderlo del todo, nuevamente le había atacado la nostalgia y no podía dejar de pensar en ella. A lo mejor era que se acercaban fechas en las que se habían dado algunas situaciones o conversaciones bastante particulares, a pesar de que él realmente no recordaba esas fechas, ni tenía una gran noción sobre por qué, si venía manejando sus emociones relativamente bien, volvía a perderse en aquellos recuerdos. Simplemente no podía sacarse de la cabeza la idea de que, habiéndola tenido en sus brazos y diciéndole esas palabras tan hermosas, la había perdido... El sol brillaba con mucha intensidad y, a pesar de eso, el sentía una lluvia torrencial dentro suyo. Lluvia... Llegando a la avenida lo dominaba por completo el recuerdo de aquel abrazo bajo la lluvia.

De repente unos bocinazos lo llevaron de vuelta a la realidad. Enfrente suyo, en la mitad de la calle, una nena de unos 5 o 6 años estaba paralizada viendo cómo aquella camioneta se acercaba y, por algún motivo, no parecía frenar. Desde la vereda, la madre aún no terminaba de voltear, con otro pequeño en brazos. Todo sucedió en cuestión de segundos. Él no llegó a pensarlo dos veces, simplemente reaccionó. Soltó la mochila, corrió lo más rápido posible hacia la nena y la levantó tomándola de los brazos. ''Listo, sólo un poco más'', pensó instantáneamente sintiéndose fuera de sí mismo. Sin embargo, al girar la cabeza, se dio cuenta que no iba a llegar. Nuevamente sin pensarlo, tomó un pequeño impulso con los brazos y, sin dejar de correr, arrojó con todas sus fuerzas a la nena, que cayó en el pasto. Luego todo se puso negro...

De alguna forma la noticia le llegó a ella al día siguiente. Armándose de valor terminó decidiendo pasar a verlo por la clínica, aunque estuviera inconsciente. Cuando llegó, la madre de él la saludó afectuosamente y le indicó cual era la habitación en la que se encontraba. Lo peor ya había pasado y ahora estaba estable. Afortunadamente, el choque, aunque brutal, no le había provocado ningún daño cerebral. Al entrar en la habitación notó que lo acompañaba su mejor amigo quien, al verla llegar, simplemente se paró, la miró y le regaló una sonrisa. ''Acaba de dormirse'', dijo, mientras procedía a dejarla sola en el cuarto.

Al mirarlo acostado en la camilla, con la pierna enyesada y todo el torso vendado, sintió que el estómago se le revolvía, pero estaba determinada a no llorar. Le había llevado un buen tiempo poder lograr la distancia que ahora tenían y luchaba por convencerse de que lo que había sentido alguna vez por él ya no estaba. Simplemente se sentó a su lado y lo miró, en silencio. Sentía una extraña necesidad de hablarle, pero no entendía bien por qué, ni sabía qué decirle. Pensó en decirle ''Sos un idiota, a vos se te ocurren estas cosas nomás'', pero veía un rostro lleno de paz que le impedía formular aquellas palabras. Sufrió ese dilema unos 20 minutos hasta que, súbitamente, al bajar tan solo un poco la mirada, se encontró a sí misma tomándole la mano. Se quedó boquiabierta unos segundos sin saber cómo había pasado eso.

Un mensaje de texto la arrebató de esa terrible idea. Era su novio, preguntándole si iba ir a cenar y qué película quería ver esa noche. Sin responder el mensaje, apeló por marcharse cuanto antes. Sin embargo, a veces podía ser algo torpe y, cuando se puso de pie, le dio un rodillazo a la camilla. Él abrió los ojos de golpe y la miró fijo, con asombro. Ella, por su parte, quería pedirle disculpas, pero las palabras simplemente no salían de su boca. Esa mirada era como una de tantas otras que habían compartido en algún momento y, al mismo tiempo, algo diferente. Se examinaron las puertas del alma mutuamente por unos 3 minutos, siempre en silencio. Finalmente ella se dirigió bruscamente hacia la puerta.


''No...'', dijo él mientras se le cortaba la voz. Sin voltear, ella se detuvo con un nudo en la garganta. ''No elegimos de quien enamorarnos'', terminó él con un brillo indescriptible en los ojos. Ella respiró hondo y, dejando caer lágrimas por el camino, cruzó la puerta.

lunes, 15 de octubre de 2012

Perderse

Siempre que el día me lo permite, voy a la facultad en bicicleta. Un día, hace un mes y algo, cuando estaba volviendo, me sorprendió cruzar la mirada con un nene de quizás 9 o 10 años que, al verme andando, empezó a correr a mi lado por algo más de media cuadra. Los dos sabíamos que no iba a poder seguir el ritmo y, sin embargo, el corría con una sonrisa en la cara. Por supuesto, yo no pude evitar sonreír.
  
Este martes pasado el día parecía estar lindo para andar en bici. Cuando salí de casa me encontré con un increíble viento en contra en ambas direcciones de mi recorrido. Con el cansancio que suelo tener, sobre todo teniendo en cuenta que en el partido de la noche del lunes me había comido un golpe y me dolía la pierna, podría haberme puesto de mal humor. En cambio, me hallé a mi mismo disfrutando el desafío y recordando cuanto me gusta andar en bicicleta, cosa que a veces, por la rutina, olvido. Ese viento en contra era muy fuerte y realmente desalentador, sumado al hecho de que era probable que terminara llegando una vez ya comenzada la clase, pero seguí pedaleando y, a diferencia de lo que creía, llegué a buen tiempo.

El lunes de la semana pasada rendí un examen. También tuve que entregar 4 láminas de dibujo técnico. Ese fin de semana, es decir, desde el viernes a la tarde hasta el domingo a la noche, me había ido a un encuentro de jóvenes en Villa Gesell. Debo reconocer que no le estoy dedicando a la facultad el tiempo ni el esfuerzo que debería y/o me gustaría. Esa semana no había estado de lo mejor. Digamos que estaba con un bajón interesante, que me quitaba las ya pocas ganas que tenía de estudiar. Sabiendo que tenía que ponerme las pilas sí o sí, no lo hice. Terminé pasando la tarde y toda la noche del jueves, además de todo el viernes (antes de salir para Gesell) sin dormir, entre dibujar las láminas y empezar a estudiar la materia que rendía.
El viernes a la noche nos acostamos alrededor de la 1 y pico o 2 de la mañana para levantarnos el sábado a eso de las 7 y tener un día muy largo, que terminó a la 1 y pico o 2 del domingo, para levantarnos nuevamente alrededor de las 7 y algo y tener otro día largo hasta el regreso a Mar del Plata. Llegamos a las 20. Fui a casa, me bañé, comí algo y, con el cansancio del encuentro, terminé las láminas y seguí estudiando para el parcial. Alrededor de las 3 y media, nada de lo que leía tenía sentido. Pensé en acostarme 2 horas y levantarme a seguir estudiando antes de ir a rendir, pero la parte de levantarme se complicó y terminé por hacerlo a las 7, llegando solo a repasar un poco más.
De alguna forma, algo me ayudó a no quedarme dormido durante el examen y, contra toda probabilidad, más allá de que me podría haber ido mejor, aprobé.


Hay muchas situaciones que pueden llevar a uno a sentirse 'raro'. A veces son confusiones; a veces, decisiones que tomar; pueden ser actitudes de otras personas que nos descolocan; a lo mejor, son actitudes propias. En esto último me quiero detener hoy.

Sin duda alguna es difícil evitar que factores externos influyan en nuestro estado anímico. En lo personal, me afecta muchísimo el no estar bien con alguien importante para mi. En un par de semanas 2 personas me dijeron algo que me movió totalmente el piso y no para bien. Me explicaron, aunque sin mucho detalle, que les molestaban ciertas actitudes de mi, actitudes que llevo años intentando modificar y, en cierta medida, creía superadas. Además, una de ellas me dijo que cree imposible que se cumpla una pequeña esperanza que aún conservaba y deseaba pudiera darse en el futuro. Me hizo sentirme estancado y preguntarme qué sigo haciendo tan mal que no me deja crecer como persona. Me olvidé que todo lleva su tiempo...



Algo similar he podido observar en amigos y conocidos. Hay cosas que nos llevan a perder de vista objetivos o anhelos y también perder, de alguna forma, a ciertas personas. ¿Cómo ocurre esto? Pues, a lo mejor por acostumbrarnos a una actividad que compartimos con alguien, llegamos e olvidarnos por momentos lo que nos motivó a realizar aquello y el lazo que genera o fortifica, dejamos de apreciar con todo su valor a la persona detrás del hábito.

Me llama mucho la atención cómo a veces nuestra mente puede jugar con nosotros. Existen situaciones en las que intentamos con tanto ahínco olvidarnos de algo o de alguien, que terminamos por convencernos de que no lo queremos y olvidamos el bien que ese afecto realmente genera en nosotros. O, al revés, tratamos con tanto esfuerzo mantener algo que a lo mejor ya no nos permite crecer, que acabamos por convencernos de que lo necesitamos o somos necesarios, cuando realmente no es así y debemos dar un paso adelante.
Con todo esto en la cabeza desde hace ya algún tiempo, no podía definir la idea que me lleva a escribir, por más que lo deseaba. Es así que me sorprendió hallarme en el desgano, en una situación que se aleja bastante de lo que busco vivir. Esto es, tratar de ponerle onda a la vida, día a día. ¿Cómo iba a poder manifestar lo que sentía, si me había perdido yo mismo?

De alguna forma el mundo me volvió a hablar o, mejor dicho, pude volver a escucharlo. Por ello me fascinaron las tres situaciones que describí al principio. Me hicieron re-descubrir que, aunque las cosas sean difíciles, hay que seguir andando, intentando, esforzándose, creyendo, manteniendo las esperanzas y los sueños.

Al estar desorientados, no siempre ayuda frenar e intentar reconocer lo que nos es desconocido. Quizás, unas cuadras más adelante, podamos ubicar algo que sea más familiar. Alguna que otra vez, esas cuadras pueden ser simplemente mirar a alguien más allá de sus ojos. Alguna que otra vez, mirar a alguien más puede ser mirarse a los ojos en un reflejo y reencontrarse.

En el mismo desgano que tenía y entre alguna que otra lágrima, se fueron presentando conversaciones o simples gestos de personas que me ayudaron a reencontrarme... De sus manos, me empezó a hacer eco un mensaje hermoso:

''Lo imposible solo cuesta un poco más''

lunes, 20 de agosto de 2012

Palabras

Iba un hombre caminando su trayecto de todos los días, pero había algo diferente. Quizás una buena noche de sueño, un reconfortante desayuno o algo en el beso de ''buena suerte'' de su mujer había transformado, por esta vez, su mirada sobre el mundo. A medida que avanzaba se iba sorprendiendo al toparse con carteles que nunca había podido reconocer del todo. Nombres de calles, publicidades, algunas señales de tránsito y alguna calcomanía pegada en el parabrisas de uno que otro auto. Descubrió, para su propia sorpresa, que las palabras no son solamente un conjunto de letras, sino que encierran una historia y un misterio más grande del que muchos aprecian...

Las palabras tienen vida. Hay palabras complicadas, simples, bellas, feas, poco usadas, comunes, suaves, fuertes, dulces, amargas, alegres, tristes, largas, cortas, impronunciables. Hay palabras que se esconden y palabras que mueren, algunas que se parecen y otras que nacen de forma curiosa. Las palabras tienen vida y, sin embargo, a veces lo olvidamos.

De tan acostumbrados que estamos a usarlas para comunicar lo que queremos expresar, podemos perder de vista el verdadero significado que tienen, o el mensaje que recibe quien las escucha. Para algunos, las palabras que se escogen son muy importantes. Y es que no es lo mismo pedir perdón que pedir disculpas; no es lo mismo sentir culpa que arrepentimiento; no es lo mismo olvidar que pasar por alto; no es lo mismo ''¿cómo estás?'' que ''¿qué hacés?''; no es lo mismo reír que sonreír; no es lo mismo llorar que lagrimear; no es lo mismo tener ganas que soñar; y sobre todo, no es lo mismo un ''te quiero'' que un ''te amo''. Es decir, quizás en otro idioma se pueda usar la misma palabra pero, al igual que las personas, cada palabra tiene una razón de ser y por tanto se las debe respetar.

Para empezar, es necesario buscar conocerlas, aprenderlas, saber cómo se pronuncian y como se escriben. De la misma forma que una amistad requiere un cierto tiempo de maduración y algunas experiencias en común para que la relación crezca y se genere un vínculo de confianza entre quienes la componen, uno no puede pretender usar palabras cuyo significado y/o naturaleza desconoce. Asimismo, como no es recomendable encerrar a una oveja y un lobo juntos en un cuarto, si se quiere sacar fruto de ambos, hay palabras que no corresponde usar en una misma oración. Muchos no se percatan de esto hasta que es muy tarde y terminan contradiciéndose a sí mismos o cayendo en desagradables e innecesarias redundancias.

Por otro lado, son también, como nosotros, seres sociales. Más allá de la riqueza que puede tener cada palabra por su cuenta, aumentan ese exquisito sabor cuando se combinan con otras para formar oraciones. Son pocos (y yo estoy muy lejos de incluirme entre ellos) los que logran armar oraciones PERFECTAS que resultan verdaderamente bellas, con todo lo que implica la palabra.

Lo mismo nos sucede a nosotros. De hecho, pasamos nuestros días buscando armar una frase que pueda expresar el sentido de nuestras vidas en plenitud. Y, sin embargo, en ocasiones nos quedamos sin palabras...

¿Qué representará el quedarse sin palabras? Yo creo que es tener el corazón y la mente impactados por algo que sobrepasa nuestro entendimiento. En este tipo de situaciones, uno puede llegar a sentirse avergonzado por su ignorancia, si se quiere, pero al contrario, debería regocijarse por descubrirse ante algo nuevo, desconocido, inesperado, que aparece para pasar a formar parte de si.

Las palabras tienen vida y llevan vida a quien se abre a su misterio. Es tan simple como que un ''te quiero'' no es lo mismo que un ''te amo'' y decir ''mi vida es tuya'' es más que unas palabras...

lunes, 18 de junio de 2012

Alas de papel

¿Por qué de papel? ¿Qué tiene de curioso el papel? Pues sobre papel uno puede proyectar simplemente casi todo. Cuando uno quiere describir algo, un sueño o anhelo, por ejemplo, busca palabras o imágenes que intenten acercarse a la realidad y, para que viva mejor el recuerdo, puede plasmarlo en un pedazo de celulosa procesado.
Cierto es que es frágil en soledad; quien intenta romper un bloc de hojas, en cambio, se encuentra con un interesante desafío. Si se arruga, dobla, corta o rompe puede no ser simple de reparar, si acaso se puede. Hay muchas cosas en la vida que no pueden repararse. Sin embargo, hay ''marcas de batalla'' que pasan a caracterizar a aquel que las lleva. Cada choque contra la pared es un aprendizaje más.

¿Por qué alas? Pues un par de alas tiene asociada libertad y puede tomar esos vientos que sacuden tanto para llegar más y más alto. Por supuesto que en algún momento tiene que bajar, pero tan solo imaginarse la perspectiva que se puede lograr desde ese magnífico lugar... Aunque baje, no puede olvidar lo que experimentó, lo que ya es parte de sí porque está impreso en su memoria. A lo mejor, también sobre papel. Además, las alas me resultan atractivas o me enamoran de cierta forma, se podría decir.

Quiero que seas mis alas de papel...
Quiero que me lleves tan alto como se pueda llegar...
Quiero aprender cada día...
Quiero poder entregarme y saber que sin vos caería...
Quiero que me hagas libre y que seas mi libertad...
Quiero poder leerte, quiero poder entenderte...
Quiero que puedas secar mis lágrimas...
Quiero que seas frágil, para poder protegerte...
Quiero que con una suave brisa, una caricia, puedas sostenerme...
Quiero que seas fuerte, para poder contenerme...
Quiero que seas una y un millón de experiencias, que no pueda borrarte...
Quiero que seas simple y a la vez fascinante...
Quiero que me hagas apreciar ser caminante...
Quiero que seas misterio y descubrirte...
Quiero que sientas mi luz...
Quiero que seas fuente de calor...
Quiero descansar en vos...
Quiero escribirte, confiarte mis sueños, confiarte mi todo...
Quiero que me atraigas y enamores cada vez más de tu amor...
Quiero que seas mi sostén, mi guía, quiero que marques mi rumbo...
Quiero que seas mi ''de donde vengo'' y mi ''hacia dónde voy''...
Quiero que seas parte de mí siempre...

Tu vida y tu mirada ya están grabadas dentro de mi piel...
Quiero que seas mis alas de papel...