miércoles, 28 de marzo de 2012

Locos Sueños Blancos

Ver nevar en Mar del Plata. Es algo bastante complicado, ya que hay que estar en el momento y en el lugar justos. La primera vez que lo vi, tenía unos pocos meses de vida, así que otro factor a sumar es la capacidad de reconocer este fenómeno. Se podría agregar que si no se esta acompañado de forma adecuada, no se puede aprovechar. Así resulta que las posibilidades de fascinarse plenamente con una nevada resultan bastante remotas. A pesar de todo, dio la causalidad de que el sábado a la noche me encontraba en el lugar y en el momento justos, con personas para disfrutarlo. Qué loco, ¿no? Un sueño hecho realidad.

¿Es posible fabricar recuerdos? Es decir, ¿existe la posibilidad de desear algo con tanto fervor que, después de imaginar esa situación tantas veces, el sólo recuerdo de ese deseo, de esa situación imaginada, se convierta en un recuerdo real? Me cuesta creerlo, pero de alguna forma me veo recordando haber imaginado situaciones, y esa sola idea (porque a decir verdad no es más que una idea) ya es capaz de sacarme sonrisas. El nombre de esta acción, además, me resulta bello: soñar despierto. De alguna forma, dichas ideas se mezclan con recuerdos reales, para dar lugar a un concepto que se eleva por sobre la imaginación y por sobre la realidad misma, siendo una amalgama de las dos que se hace un lugar primordial en el corazón. O quizás todo este párrafo no es más que un pensamiento irracional. En ese caso, sería sensato definir la irracionalidad.

Teniendo en cuenta que comúnmente se considera al uso de la razón la principal diferencia entre el ser humano con el resto de la naturaleza, entonces algo irracional pasaría a ser algo in-humano, o bien algo instintivo, algo que surge como producto de una falta de capacidad de controlar las propias acciones frente a una determinada situación, como consecuencia de no pensar antes de actuar. Hay quienes relacionan a la irracionalidad con la locura. En general, actuar sin pensar no está bien visto.

Matemáticamente, por otro lado, una razón es un cociente, una división. Bajo este concepto, resulta que algo irracional deja de lado la división. Entonces recuerdo un incontable número de encuentros, sea con otra persona o simplemente una percepción del mundo, que genera en mí, a primera vista sin razón aparente, una sensación de alegría. En el momento no lo pienso, pero luego me doy cuenta que en muchas ocasiones, al encontrarme con alguien querido, automáticamente los dos nos hallamos sonriendo, con ese mágico brillo en los ojos y, de vez en cuando, con un acelerado palpitar. Es así que haciendo uso de mi razón, y con el riesgo de llegar a una contradicción, llego a la conclusión de que entonces, es posible que algo irracional (por no haberlo pensado) como sonreír, fuera de ser algo in-humano, responde a la naturaleza de oponerse a la división, en un momento que une, acerca, a dos o más personas, ya sea entre ellas o con el mundo.

Es cierto, racionar no es lo mismo que razonar, pero me resulta atractivo jugar con palabras que bien se pueden relacionar. Por supuesto, quizás tan sólo sea una vez más que yo simplemente piense demasiado. Como sea, es lindo creer que hay acciones que, sin necesidad de pensar tanto, nos hacen desbordar de felicidad al despertar algo tan profundamente humano como es esa unión entre personas. Reconozco que he metido la pata al actuar sin pensar dos veces, pero también debo reconocer que más de una vez me he arrepentido de quedarme en el molde por pensar de más. Con un interesante camino recorrido, apenas hoy termino de comprender que lo verdaderamente irracional o in-humano sería obligarme a fabricar recuerdos por reprimir sentimientos sinceros que un buen día pueden hacer mis sueños realidad. Porque, ¿quién dice que un poco de locura no hace bien? Después de todo, los sueños más lindos, y los que mejor se guardan, son los sueños locos. Y por si ésto fuera poco, algunos pueden caer del cielo, bien en forma de nieve, o bien con alas propias. Hacerlos parte de uno será cuestión de soñar con locura.

lunes, 19 de marzo de 2012

Jugando al Huevo Podrido

El Miércoles fue un día interesante. A la mañana tenía turno con el médico, y si bien suelo ser bastante organizado y detallista, al llegar a la clínica me di cuenta que me había dejado en casa el carnet y el bono de la obra social, y que me faltaban $10 para poder pagar el turno. Hablando con la secretaria, que ubicaba a mi hermano, se solucionó y no tuve mayor problema.

Después de eso pasé por casa, comí medio rápido, y salí ''corriendo'' a tomarme el colectivo para ir a la facultad (el día estaba feo, así que no podía ir en bici como siempre). En tres años jamás me había pasado al tomarme un colectivo para ir a la facultad, pero cuando éste dobló, me di cuenta que me había confundido y me había tomado el 541 en lugar del 554. Me bajé y fui a la parada a esperar el colectivo correcto (momento en el cual me llegó un mensaje de texto para ir a jugar a la pelota a la noche), sabiendo que muy probablemente llegara tarde a cursar. De alguna manera, llegué justo cuando la clase estaba comenzando.

Para ir a jugar a la pelota, arreglé como de costumbre que tenía que ir a las 21.45 a lo de un amigo y otro nos pasaba a buscar en el auto. Cuando terminé de cursar, fui a casa y estuve estudiando hasta que me tuve que ir. En la casa de mi amigo, me puse a charlar con su mamá y hermana. Mientras les explicaba lo curioso de mi día y lo distraído que estaba, me di cuenta que había cometido otro acto de distracción, porque eran las 20.45. ¡Había ido una hora antes! Afortunadamente, no hubo inconvenientes porque tengo una muy buena relación con toda la familia.

En fin, parecen ser cosas de poca importancia pero, desde mi punto de vista, fue un día fascinante, ya que a pesar de haber estado más distraído de lo que recuerdo en toda mi vida, considero que todo resultó bien. Quizás no jugué un gran partido; quizás tampoco me fue de lo mejor en el examen que rendí el Viernes; y quizás hubo unos detalles más que me dieron mucho que pensar. A pesar de todo ésto, más allá de mis despistes, puedo decir que fue un gran día. No termino de entender cómo. ¿Será acaso un mensaje? ¿Puede ser que tuviera algo que aprender? ¡Por supuesto! Todos los días hay algo que aprender. Ahora bien, ¿qué?

Continuamos la semana. El Jueves tuvo lo suyo, pero la cosa se pone más interesante el Viernes. Me levanté, me bañé, tomé un poco de jugo y me fui en bici a la facu. Llegué a eso de las 10, para la muestra del parcial (y su nota) que rendí la semana pasada. Nos tuvieron esperando porque les faltaba hacer la suma de puntajes o no sé bien qué. Durante ese tiempo, con algunos compañeros estuvimos recordando anécdotas, cada uno de su colegio. Me resultó una conversación bastante interesante y algo atípica. A eso de las 11.20 llegó el profesor, escuché mi nota y vi mi parcial. Dejé que unos compañeros le sacaran fotocopia y lo devolví. A las 12, dos horas de teoría de otra materia. Después almorzamos y fuimos (con un amigo) al anexo de la facultad para repasar hasta las 17, hora del examen de otra materia. En ese rato, recordé que quizás tenía una reunión con dos amigos, por lo que mandé un mensaje de texto para confirmar. Casi sin darme cuenta del paso del tiempo, salí de rendir a las 21. Cuando encendí el celular, me llegó un mensaje confirmando la reunión. Desde el anexo fui en bici hasta la casa de uno de estos dos amigos. Hacía frío. La reunión duró hasta alrededor de las 12. Volví en bici a casa, y lo de mi amigo no queda exactamente cerca. Hacía frío. Llegué y me puse a preparar cosas para el encuentro del sábado a la mañana con el grupo de jóvenes que coordino. Me acosté a eso de las 2.

Hoy es Sábado. Me levanté con algo de dificultad a las 8 y algo, porque a las 9 tuve una reunión. Terminó a las 11, hora en que nos juntamos con el grupo de jóvenes. Disfruté el encuentro, que terminó a las 13. Vine a casa, acomodé un par de cosas, almorcé rápido, y me fui para estar en Scout a las 14. Acompañamos a la Manada en una actividad, lo que fue lindo, pero hacía frío y le presté mi campera a uno de los nenes que no había llevado abrigo. Algo que me sorprendió es que pasó a saludar un amigo que hace mucho tiempo no veía. Fue una linda sorpresa. Tras el FIBO final, a las 17.30, vine para casa, acomodé un par de cosas, tomé la leche y me fui para estar en la puerta del 23 (un famoso salón de reuniones) a las 18.35, ya que me encontraba con dos amigos para ir a (adivinen) otra reunión. Cuando llegaron, nos tomamos el colectivo y llegamos con gran puntualidad a las 19.30. Fue una hermosa reunión, que duró aproximadamente hasta las 21.10. Se largó una maravillosa tormenta, pero uno de mis amigos se ofreció a (con el papá, que lo pasaba a buscar en auto) alcanzarme hasta mi casa. Llegué a las 22. Se acerca el final del día y me encuentro con una situación que esperaba fuera diferente.

¿Qué punto tiene describir algunos días de mi semana? Pues encontrarle un sentido. Tras una semana tan larga, me doy cuenta que tarde lo vi. O mejor dicho, lo vi hace mucho tiempo, pero recién ahora lo recibo. Mi semana me advirtió que soy el distraído, y por fin me llegó el huevo podrido. A lo mejor sea un pensamiento muy drástico, pero creo que a continuación se presentan meses de decisiones muy difíciles. Curioso es que, al parecer, ni siquiera puedo hacer demasiado al respecto. Si bien me gusta jugar, mi vida no me parece un juego. Me niego a ser el huevo podrido, y hay una cosa que sí puedo controlar: no me pienso dejar vencer por las dificultades. Voy a poner todo mi esfuerzo, todo mi amor y lo mejor de mi para aprender, para crecer. Días tan largos me recuerdan que la vida puede tener tantas cosas buenas como malas, y depende de mí quedarme con unas u otras. El Miércoles me cuenta que, de alguna forma, todo puede salir bien. Confío en que cuando pase la tormenta, a pesar de todos mis defectos, voy a poder mirar atrás y pensar: ''Qué gran día''.

lunes, 12 de marzo de 2012

Ni muy muy, ni tan tan

Es una frase que siempre me causó algo de gracia. Es curioso que, siendo que hace años no la escuchaba, la recordé hace unos días, y antes de ayer alguien más la mencionó. Casi parece que me quiere decir algo. Me asombra con qué facilidad puede describir algunas situaciones, y cómo uno puede quedarse con una parte u otra de la oración que construye. Por ejemplo, hoy por hoy puedo decir que no estoy ni muy muy contento, ni tan tan triste, y prefiero quedarme con la segunda mitad. O que no soy ni muy muy tonto (creo), ni tan tan inteligente, y preferir la primer parte. O bien que todos, en general, no somos ni muy muy atentos, ni tan tan sordos, y en este caso me quiero detener.

Vivimos en la era de la información. Eso dicen, cuanto menos. Por momentos, a mí me parece, que hay demasiadas cosas que abomban sin transmitir nada. Entre tantos carteles y estruendos, propagandas y embotellamientos, recibimos tal número de situaciones y mensajes que, por más que queramos enfocarnos en uno solo, nuestros sentidos se pierden al repartirse entre TODO lo que nos rodea. Nos hemos ido acostumbrando, parece, a tratar de abarcar tanto con nuestra capacidad de observación que, al final, olvidamos los detalles y podemos llegar a perder de vista el objetivo. No todos tenemos el mismo objetivo, claro está, ni sabemos identificarlo en todo momento, y quizás por eso, en un mundo lleno de oportunidades, nuestras mentes acaban por saturarse. Pero a veces tampoco hacemos demasiado para evitarlo.

Me he sorprendido a mí mismo en múltiples ocasiones evitando el silencio, por ejemplo. Es curioso porque en el silencio puedo enfocar mejor mi atención, y justamente trato de esquivarlo para no pensar tanto. A lo mejor es que la mayoría de las veces que trato de frenar, todo termina conduciendo mis pensamientos hacia mi trama principal. Aún sabiendo que puedo estar equivocado y que hoy esta personita no sea la protagonista de tal trama, constantemente me invade esa seguridad. Pero es sólo por comentar.

Donde quiero detenerme es en el proceso de llegar hasta esos pensamientos, porque si uno siempre puede encontrar una forma de relacionar lo que se dispone (aunque sea inconscientemente), en ocasiones pasan muchas otras imágenes en el medio. Algo que me sorprende, cuando no le escapo al silencio, vuelvo a reconocer, es la capacidad de poder apreciar cosas sencillas que perdemos de vista y, sin embargo, son fundamentales para llevar adelante una vida plena. Soñar y proponerse metas altas es fundamental para cualquier persona, y para alimentar el deseo de vivir, pero cuando nos olvidamos de las cosas que tenemos al alcance de la mano, podemos encontrarnos sin nada de lo que sostenernos. Podemos y está bien mantener la frente en alto y mirar hacia arriba, siempre y cuando tengamos en cuenta que para subir, tenemos que conocer los escalones en que nos apoyamos. De otro modo, tropezamos antes de lo que esperamos.

Y así volvemos a la misma encrucijada de tantas otras veces: ¿dónde quiere llegar este flaco con esta sopa de letras? A lo mejor no llegue a ningún lado, pero mi intención es aprender a apreciar los detalles del viaje. Una mariposa o una hoja de otoño bailando en el aire; unos cuantos rayos de luz que se abren paso a través de densas nubes; un abuelito caballero haciendo ademán con la mano para que otros suban primero al colectivo; el fascinante romper de grandes olas en un día ventoso; una ducha calentita tras un largo y frío día; el aroma a pan fresco en el horno; las palabras justas de la persona menos esperada por pura causalidad; el cariño y el brillo en los ojos de pequeños que te admiran quién sabe por qué; la ternura de aquellos que se saben conmover; el levantarse a la mañana y que haya algo por hacer; y mejor no sigo porque no termino más.

No todos los días estamos con todas las luces, o con el mejor humor, por lo que no somos muy muy atentos. Sin embargo, no nos quedemos panchos porque, por más que lo intentemos, tampoco somos tan tan sordos. Algo, entre todo, podemos llegar a escuchar, y es que el mundo sabe hablar.

De alguna forma, encuentro coraje para prestar atención e intento observar, detalladamente, todo a mi alrededor. Las cortinas cerradas, mi cama deshecha, mi hermano durmiendo y sólo una lámpara prendida. La puerta al garage medio abierta, una guitarra desafinada y un muñeco cachuzo. Desodorantes, perfumes, algún que otro libro y unos souveniers. Unas tijeras que nunca supe qué hacen ahí, el estuche de los lentes en el escritorio y el celu arriba de la rana. Unos escarpines talle 42 sobre las frazadas, al lado de una bufanda naranja, y ni te cuento abajo de la cama. Un par de pósters, unos cuadros de viaje de egresados, una bandera y varios años de recuerdos colgados. Una mochila-botinera, una escoba con su pala y unas cuantas pañoletas. Un sillón, figuritas pegadas en la pared y un reloj que siempre marca la misma hora. Mi hermano resopla por momentos, sumido en algún sueño, mientras yo intento controlar mis pensamientos.

Los perros ladran de a ratos, y quizás se escucha el ruido de un auto al pasar, pero salvo eso, una vez que me acuesto, sólo escucho recuerdos y un único sonido más, que suele costar reconocer. Por alguna razón, aunque nos persigue todo el tiempo, solemos olvidarnos de que existe, o hacemos oídos sordos a lo que nos quiere decir. A veces se acelera, y otras parece detenerse. Cuando quiere hacerse notar, sabe marcarnos el ritmo a seguir, pero ni así le damos la importancia que merece. No sé bien cuánto tiempo paso sin prestarle atención, pensando e imaginando situaciones hasta que al fin caigo dormido. De todas formas, sigue hablándome a través de sueños. De a poco, se transforma en una casi melodía que flota en el aire.

¿Qué es ese sonido? Pues no es el de un avión, ni un grito (convencional), ni el de un fuego artificial. No suena como un chapuzón, ni como un ave cantando, y mucho menos como un gol. No es el ruido de un arma, tampoco el de una corneta, y ni se acerca a un bandoneón. No es tango, ni cumbia, ni pop, ni rock 'n' roll. Se parece al mismo silencio, y al tiempo a un tambor, pero no es ni un trueno, ni un timbrazo, ni un volcán en erupción. Si probamos con onomatopeyas, no es ni un ''bang'', ni un ''pow'', ni un ''run run''; tampoco un ''slash'', ni un ''wow'' y ni siquiera un ''chin pum''. Es casi un arrullo, pero no llega a ser canción. Me gusta imaginar otros, y tenerlos de comparación. Quizás sea impresión mía, pero me suena como una voz. Me cuesta hacerle caso, y lo ignoro con mi razón. Me ha acompañado siempre, pero lo he dejado solo y a veces anda tristón. Me han dicho que es grande y que contiene mucho amor. Le han dado caricias, y lo han partido en dos. Mis amigos, por su parte, siempre ofrecen protección. De vez en cuando se acelera, cuando siente a esta personita venir. Mas, ¿cómo suena, entonces? Ni muy muy fuerte, ni tan tan despacio, y no sé con qué seguir, pues describir ni pronunciar yo puedo, el sonido de mi corazón al latir.

Supongo que un mensaje claro (los detalles) hoy me intentan transmitir:

- Ganso, dale una razón de ser, que no está ahí porque sí.

Estoy seguro que a otros les pasa lo mismo. No olvidemos que SIEMPRE tienen algo que decir.

lunes, 5 de marzo de 2012

¡A brillar se ha dicho!

Parece fantástico que muchas de las estrellas que miramos cada noche ya no existan. Sucede que muchas están tan lejos que el día que mueran ese último aliento de luz que irradien tardará muchísimo tiempo (hasta millones de años, incluso) en llegar a nuestro cielo. Es maravilloso que hay un sinfín de estrellas brillando, y algunas hasta se animan a hacerlo juntas. Más hermoso, todavía, resulta pensar que también nosotros podemos brillar y hacer que, más allá de las distancias y del hecho que quizás no estemos para presenciarlo, nuestra luz llegue al corazón de alguien, algún día.

Mañana rindo un parcial. No deja de llamarme la atención el hecho bastante común que, cerca de algún examen importante, pase algo que haga que mi cabeza salga despedida hacia... ¿quién sabe? Son tantas cosas que se me pasan por el bocho, y yo sin saber qué hacer. Por momentos quiero salir a correr; por momentos sólo desaparecer. De a ratos, volver al año pasado, o quizás tan sólo a un ayer. Siento ganas de romper cosas, de gritar, o de largarme a llorar; putear a alguien de arriba a abajo, pienso, sería ideal. Pero no... No. Entonces trato de ordenar aunque sea un algo del todo que me martilla, porque el crónico dolor de cabeza es un grito de ayuda de mi inconsciente por ponerme a escribir. Después de todo, de nada sirve estudiar cuando no tengo más lugar.

La pregunta es la de siempre, con algunos detalles diferentes: ¿qué hice para tener que pasar por ésto? Si algunas personas me tratan tan mal, llego a creer que me odian. Y si es así, ¿por qué? Pienso, repienso y revuelvo cada idea, cada recuerdo, tratando de encontrar respuestas. Algún que otro día casi llegan a convencerme de que soy una mala persona, e incluso llego a inventar algo que no hice, para justificar dicho maltrato. Verás, estas personas no sólo están cegadas de bronca o rencor, sino que se niegan a decirme la razón. Me resulta curioso porque quienes se jactan de vivir en el Amor deberían hacer lo posible por ayudar a toda persona a crecer, y si realmente soy tan desastroso, lo menos que podrían hacer sería marcarme errores. Sin embargo, no lo hacen, lo que me lleva a la conclusión de que, o no saben el motivo de su enojo, o tienen miedo de enfrentar la realidad de un error propio al juzgarme sin juez, evidencias ni saber. El tema es que también termino pensando que esta idea es quizás muy idealista, en el sentido de idealizarme a mí mismo, buscándome justificaciones o excusas (que no son lo mismo), y existe la posibilidad de que realmente yo haya hecho las cosas tan mal. Pero, entre contradicciones, termino volviendo a la realidad, y me doy cuenta de que, con los recursos que la vida hoy me ofrece, no tengo forma de entender sus acciones, ni qué haya hecho yo tan mal.

Es importante resaltar el ''tan'', porque antes que cualquiera piense que soy incapaz de ver mis errores, quiero decir que reconozco muchos de los que, hasta cierto punto, puedo arrepentirme. Ahora bien, dadas las circunstancias y mi vulnerabilidad emocional, considero que no se me presentaron demasiadas oportunidades para hacer las cosas mejor de lo que las hice. Entre los pocos amigos con los que he charlado algo sobre el tema, más de uno me ha dicho que le cuesta imaginar cómo soporto tanta ansiedad. ¿Quién dice que la soporto, de todas formas? Con algo de humor recuerdo que de chiquito ''ansiedad'' me sonaba a ''ancianidad'', y últimamente me siento viejo, apagado, frío.

Por otra parte, aún buscando respuestas, intento ponerme en el lugar de estas personas. Es evidente que no puedo hacerlo, porque sus reacciones de este año me llevan a pensar que no las conozco lo suficiente. Como sea, intentarlo me ayuda a calmar mis emociones y evitar mandarme más y peores cagadas. A pesar de que pienso demasiado (no es noticia nueva) y eso muchas veces puede llegar a hacerme mal, también controla al ser impulsivo dentro mío que intenta salir a la fuerza, cuando otros me tiran mierda. Me genera un insoportable dolor de cabeza, pero me trae una relativa calma, porque la violencia no sabe dominarme.

Soy optimista. Un buen amigo me dijo una vez algo que le gusta de mí es que siempre le encuentro el lado positivo a las cosas. Acto consecutivo me confesó que algo que no le gusta de mí, es que siempre le encuentro el lado positivo a las cosas. ¿Será que hay cosas sin lado positivo? En física me explicaron que, a fin de cuentas, los monopolos sí existen, sólo que no se han encontrado. A lo mejor este concepto se aplica también a la vida de cada día, y pueden existir, después de todo, situaciones de las cuales no haya nada que aprovechar. Ahora bien, soy muy orgulloso, y sigo rechazando la idea de que no todos los días haya algo nuevo que aprender. Lo que sí puedo aceptar, a lo sumo, es que se den ocasiones en las que olvidemos algo, y sin necesariamente aprenderlo (porque ya lo sabíamos), nos encontremos recordándolo. Reitero: estoy convencido de que no existe tal cosa como una mala persona, sino que todos somos buenos por naturaleza, y algunos sólo necesitan que alguien se los recuerde.

Y siento un pinchazo que me dice: ''che, la convicción es una idea muy fuerte''. Sin duda alguna. ¿Cómo puedo estar convencido de algo, entonces, dado el cambiante mundo en el que vivimos? Pues este mundo me sigue hablando día a día y me da cachetazos para que no afloje en el momento justo en el que estoy a punto de dejar de intentar levantarme. Un amigo que, más allá de la distancia, me manda un mensaje de cariño y me invita a sostenernos el uno al otro; uno que simplemente se conmueve y me acompaña en mi dolor, sin dejar por eso de hacer chistes constantemente para levantarme el ánimo; y uno más que, de la nada, me dice que siente la necesidad de decirme que me quiere y que soy muy importante para él... ¿Qué más necesito?

La cuestión que se presenta, en definitiva, es la siguiente: estas personas, ¿me tratan tan mal porque soy una mala persona, o como fruto de un dolor que no saben conciliar? Seamos optimistas. Creo que el dolor es la razón, y esa es mi razón para intentar ponerme en su lugar. El siguiente paso es, entonces, hacer cuanto de mí dependa para ayudarles a sanar ese dolor. Y el problema es que, aunque no sea mi clase de convicción, ellos están convencidos de que lo mejor es que yo esté alejado, por lo que no me acerco. Sin embargo, cuando alguno se acerca a mí, yo caigo en la ingenua ilusión de que tienen buenas intenciones e intento generar un espacio de conversación en el que se pueda aclarar todo. La respuesta que recibo es un ataque tras otro, y lo que parece ser un boludeo. Parece que, a pesar de mi empeño por aclarar y solucionar todo, ellos prefieren confundirme más. Después de ésto, ¿qué me queda por hacer? Pues seguir creyendo que un buen día se atreverán, cuanto menos, a marcarme mis errores...

Mientras tanto, ¡a brillar se ha dicho!

lunes, 27 de febrero de 2012

Amigos a Escondidas

No estoy pasando por un gran momento. ¿Qué me anda pasando? Algunos lo sospechan y pocos lo saben, pero todavía menos lo entienden. Está bien, porque así quiero que sea. Trato de mantener la frente en alto porque no me gusta preocupar a nadie, y es muy importante para mí que las personas a las que confío cómo me siento, sepan cuánto significan en mi vida, ya que no se lo confío a cualquiera. Más allá de mis motivos, el hecho es que, por más pilas que intente poner, me está costando sonreír.

Todo recuerdo forma parte de uno y representa algo aprendido, crecimiento, madurez. Quien busca olvidar, busca perder parte de sí mismo, como consecuencia de no reconocerse capaz para enfrentar la maravillosa realidad que le toca vivir. Es por eso, entre otras razones, que intento no olvidar. Me regocijo al guardar en lugares escondidos de mi mente esas situaciones que me han ido formando, ya sea con puños cerrados o con manos estrechadas.

Hoy, mientras andaba en la bici camino a la facultad, iba serio, pensando en todas las personas que me preocupan, que me duele ver con dolor, o que buscan erróneamente la felicidad donde no puede encontrarse. De repente, una ráfaga de viento (en contra, por supuesto) sacudió unos cuantos árboles y un montón de hojas se me vinieron encima. No sé bien por qué, pero lo encontré fascinante. En un segundo, se me pasaron por la cabeza unos cien rostros de personas que no veo desde hace mucho tiempo, e incluso personas que vi una sola vez en mi vida. Unas me animaban a levantarme, mientras otras preferían patearme en el suelo. ¿Por qué habría de recordarlas? Supongo que si hay personas que saben amar, y personas que prefieren odiar, las primeras no tienen precio por su capacidad de asombrar, mientras las últimas valen la pena por ser personas y también tienen mucho para dar, si tan solo se atreven a descubrir su potencial. Sin quererlo, y sin darme cuenta, sonreí al repasar nuevamente todas aquellas imágenes.

Me quedé pensando en las hojas. Eran, claro está, hojas de otoño, hojas secas. ¿Por qué me susurraron junto al viento esos recuerdos? Será quizás que el otoño no es tan frío, que si bien la primavera se siente más fresca, esta curiosa estación en la que nos encontramos sabe mostrar colores que aquella no, y puede sacudir nuestra vida en un abrir y cerrar de ojos. Así son todas esas personas que pasaron y/o pasan hoy por mi vida. Sin saberlo, su presencia significó tanto que nunca pudieron escaparse de mí. De alguna forma, con una mirada (dulce o de odio), una palabra, una sonrisa, una puteada, un llanto, un silencio, o lo que sea, me enseñaron algo que, aunque quisiera, no puedo olvidar. Porque incluso cuando de a ratos creemos olvidar algún recuerdo, un día como cualquier otro puede aparecer para atacarnos desprevenidos y decirnos:

''¡Ajá! Pensaste que me habías perdido para siempre, ¿no? Pues lamento decirte que estoy metido a flor de piel, y depende de vos que yo sea espina o miel.''

Me di cuenta, de repente, que si yo puedo ver aquellos rostros por momentos, entonces quizás otros puedan recordar el mío. Una idea perfecta se me cruzó por la cabeza: ''amigos a escondidas''. Así es, todas esas personas resultan ser mis amigos. ¿Cómo es eso? Pues muy sencillo: me hacen quien soy. Quieran ellos o no, cuando se me plazca puedo acordarme de cuando reímos juntos a carcajadas. O cuando se nos llenaron juntos los ojos de lágrimas. O aquella vez que desde lejos nos vimos y corrimos para darnos un abrazo. O a lo mejor ese día en que sin razón se enojaron tanto y pensé: ''Mierda que duele verlo así. Cuánto lo quiero''. Y ellos jamás se enteran.

Pero una amistad se entabla entre dos personas, ¿verdad? La reciprocidad de estas extrañas relaciones radica en que un buen día podemos poner en práctica lo que nos enseñaron, y así los hacemos presentes en nosotros, volviendo a ese encuentro que tuvimos alguna vez. La frutillita del postre está en que existe la posibilidad de que otro buen día vuelvan a aparecer como por arte de magia, y nos toque a nosotros regresarles el favor. ''Amigos a escondidas'' es un término perfecto ya que ellos no tienen por qué enterarse del bien que ansiamos, les deseamos o finalmente devolvemos. Realizar una buena acción sin obtener reconocimiento ni recompensa es la caridad en su máxima expresión, y así, más que nunca, resultan ser verdadera luz en nuestra vida, porque nos hacen mejores personas.

Quizás, y no digo que sea así, del mismo modo que yo tengo la fantástica oportunidad de atesorar a todas esas personas, alguien allá afuera que piense en mi, me recuerde con cariño. A lo mejor, vos y yo somos amigos a escondidas. Por lo tanto, si particularmente me gusta recordar rostros con sonrisas, no tengo motivos para negarle la misma dicha a los demás. No me parece tarea fácil, pero creo que es lo mejor, y cuánto más vale un sacrificio, que cualquier otra acción.

Hay recuerdos que brotan día a día, y otros que saben aparecer en el momento justo; hay algunos que atesoramos casi más que a ninguna otra cosa, y muchos que ni sabíamos que existían, pero no dejan de sorprender; unos cuantos son de saber popular, y muchos son tan personales que sólo animan a asomarse frente a uno o dos corazones. Hay recuerdos felices, tristes, graciosos, viajeros y vergonzosos. Hay recuerdos fríos, perezosos, aventureros, dulces y amargos. Hay recuerdos suaves, claros, borrosos, lejanos y recientes. Hay recuerdos dolorosos, hermosos, lluviosos, calurosos y hasta con osos. Hay unos que no se pueden ir y recuerdos de ningún recuerdo, que se mezclan con sueños al dormir. Hay recuerdos de amigos, amigos que recuerdan, amigos escondidos, y recuerdos por venir. Cuando te sientas solo, triste u olvidado, que no te venza el sufrir. Recordá que alguien piensa en vos y entre hojas, con cariño, te susurra: ''Sonreí''.

lunes, 20 de febrero de 2012

Ese silencio...

Con la tecnología que nos rodea por momentos parece ser que perdemos algo de comunicación. En algún momento si querías hablar con alguien realmente hablabas por teléfono. Ahora los mensajes de texto e Internet reemplazan el verdadero ''escuchar'' lo que el otro tiene para decir. No estoy criticando. Yo hago buen uso de estos medios, y en ocasiones son sumamente útiles, pero sigo prefiriendo el sonido de la voz de la persona con la que quiero hablar, y si hay unos mates de por medio, mucho mejor. Sin embargo, y por más que se busque, no siempre es tarea sencilla hallar el momento para hacerlo. Entonces cobran sentido, de algún extraño modo, las pantallas y las teclas.

Parece estúpido estar frente a una pantalla y simplemente pensar, sin saber qué hacer, pero en alguna que otra ocasión el solo hecho de saber que alguien más está del otro lado, reconforta. Aunque no sea como estar juntos físicamente, con un poco de esfuerzo se puede adivinar a la otra persona escribiendo, e imaginando esa conversación en otro lugar y con esos mates; sentir sus silencios y sus pensamientos, de cierta forma, como si se estuviese cara a cara.

Y es super curioso caer en cuenta de todo lo que dice aquel silencio. Porque uno puede pasarse minuto tras minuto perdiendo la noción del tiempo tecleando y tecleando, sin decir mucho, pero ese silencio... En ese silencio tu cabeza trabaja como nunca, se cruzan un millón de cosas para decir que puedan dibujar una sonrisa, y eso te hace sonreír a vos. De la misma forma, ese silencio, esa pausa, quizás indica que a la otra persona le pasa exactamente lo mismo. Ese silencio conecta, une, a través de una pantalla. Qué loco, ¿no?

Más curioso es todavía, creo yo, que no hagan falta las pantallas. Por momentos al caminar solo por la calle, yendo a donde sea, puedo sentir a alguien al lado mío. A lo mejor no, y es pura imaginación o locura, pero me gusta pensar que así es. Me gusta olvidarme de todo el aparatejo e incluso de todas las razones que evitan ese encuentro con la persona que quiera ver, y hacer de cuenta que estamos conversando en cualquier momento del día, en cualquier lugar, y sobre cualquier cosa. Me gusta encontrarle el sonido y la música de fondo al mundo.

Soy raro, lo sé. Disfruto mucho de realizar diferentes y extraños planteos acerca de todo lo que pueda, para intentar alcanzar una visión más amplia de la vida. Eso provoca, muchas veces, que mis ideas no estén de acuerdo con las del común de la gente. Por ejemplo, muchas veces he escuchado, e incluso dicho yo mismo, que es muy importante saber que, para ayudar o querer a otras personas, hay que estar bien y quererse uno, en primer lugar. Sin embargo, hace poco me di cuenta que realmente no creo eso, sino que estoy convencido de que, al contrario, para poder estar bien y amarse uno, es necesario amar a los demás. Tengo la certeza de que uno puede encontrarse a sí mismo únicamente en la mirada de alguien más. Así es que la razón por la cual podemos ver nuestro reflejo en los ojos de otras personas, es porque realmente estamos ahí, dentro suyo, y ellos dentro nuestro.

Supongo que de esta manera cobra algo de sentido el poder sentir (o aunque sea, creer sentir) lo que otro siente o piensa, incluso estando separados físicamente. A lo que le llamamos intuición, o simple impresión, es en verdad común-unión. Por lo tanto, puedo asegurar que, haya o no pantalla y teclado, haya o no un encuentro cercano, haya o no una llamada telefónica, alguien allá afuera encuentra luz y calor (o una suave lluvia que acaricia) al pensar en mí, porque yo encuentro eso mismo al pensar en personas que no me hacen sentir amado, sino que me hacen saber amado, y así iluminan mi vida, día a día.

Ni una carta, ni una sonrisa, ni una lágrima; ni un regalo, ni un abrazo, ni el insomnio de los dos. Sólo necesito, y digo todo en una rima, oír en el silencio el sonido de tu voz, que brota de tus ojos, huele a flores en otoño, acaricia en un suspiro y sabe un poco como amor.

lunes, 13 de febrero de 2012

Amar a un Ángel no es cosa fácil

Frente a una curiosa pero muy interesante propuesta, me encontré estrenando un blog que había creado hace algunos años y jamás había usado. Sepultado en él encontré un borrador que había olvidado por completo. Me pareció fascinante. Siempre es bueno encontrar recuerdos de cosas que muestran mucho de uno y nos permiten evaluar un gran crecimiento desde el momento en que lo vivimos, ¿no les parece?

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13/01/08

No sé si vas a leer esto. Honestamente lo dudo, pero si llegas a pasarte, si tenés algo de tiempo, por favor leelo, hasta el final en lo posible.

Sé quien sos desde Agosto o Septiembre del 2006.

Te conozco desde Agosto o Septiembre del 2007.

Hoy por hoy estoy aburrido. Mandé un par de mensajes para ir a la playa sabiendo que no estaba con ánimos de ir, pero bueno, pensé que yendo quizás algunos amigos me iban a animar. No se dio para ir a la playa. Por algo será.

Le mandé un mensaje a una amiga para ver de hablar. Quizás ella me podía animar. Pero no se dio; no vino a casa. Por algo será.

Así es que, bueno, acá estoy, pelotudeando. Tuve pocas sonrisas hoy. El único que me sacó algunas fue mi hermanito (como siempre digo, mis hermanos son lo mejor que tengo). Me sentí cansado todo el día; fui a misa y lo disfruté; me pude acordar con cierta añoranza de la fecha de mi bautismo (31 de marzo de 1991), pero la melancolía ya me había agarrado desde antes de ir, y pensaba, ¿no? Todo el tiempo pienso. Pienso demasiado llego a creer. Pienso y no vivo. ¿No vivo?

Generalmente con todas las cosas que hago no tengo tanto tiempo para pensar. Porque soy así; no sos la única que se carga y recarga con cosas. Me gusta creer que tengo una vida plena pero, ¿cómo puede ser plena si zimplementefeliz no puede ser plenamentefeliz?

Y, ¿por qué no puedo ser plenamentefeliz? Porque me faltás... O mejor dicho, estás, pero no para mí, que es peor que si me faltaras. Porque me sentía diferente antes de conocerte, antes de esas sonrisas, antes de esos comentarios aquel domingo lluvioso:

-Ay, saliste lindo en la foto.

-Uy, palazo - dijo un amigo, y reía con esa risa picara suya.

Entonces yo había pensado en decirle: ‘’Boludo, somos amigos nada más’’, pero surgió esa pregunta en mi cabeza: ¿somos amigos nada más?

Y traté de seguir con mi vida nomás. Estaba empezando a olvidarme de un dolor de cabeza. Estaba con muchos otros encima, sí, pero estaba tranquilo, dentro de todo. Sin embargo, de a poco te abrías paso en mí…

¿Cómo empezaste a entrar? Con esas sonrisas; ese ‘’ay, esa cara’’; esas caritas sonrojadas por chat… Yo te advertí que por más que me encanta que me manden esas caritas, me hacen maquinarme al pedo. Pensé que estando advertida ibas a dejar de hacerlo, y yo iba a poder seguir tranquilo, quitándome los dolores de cabeza de a uno. Pero no dejaste de hacerlo, y eso me hizo maquinarme más.

Esos ''soñé con vos'' me mataron. A partir de ahí fue que se me cruzó una vaga idea, pero seguía pensando: ''bueno boludo, esto de ilusionarte al pedo siempre te pasa; por ahora vos tranqui, hacé tu vida y no pienses en chicas''. E increíblemente me estaba convenciendo. Pero encontraste la forma de que todo pensamiento racional se fuera al carajo.

En ese Noviembre tan cargado de cosas que tuve, me hiciste pasar algunos días sintiéndome realmente querido. ¿Cómo? No estoy seguro, pero es tu forma de ser. Ya te lo dije, para mí sos un ángel. Y yo seguía pensando, solo por las dudas:

-Vos tranquilo Vi. Ya sabés que si te ilusionás ésto puede terminar mal, como siempre.

Entonces yo sólo ''te seguía la corriente''; una corriente amistosa y cariñosa. Después de todo en el 2007 dejé salir mi ''yo cariñoso''. Pero (siempre hay peros); pero esa noche…

Todavía me acuerdo. Los dos sentados en un pasillo; yo te abrazo; hablamos tranquilos, en voz suave; yo estoy cansado, y obviamente vos más; y no se cómo surge el tema, pero agarrás y me decís algo así como:

-Perdón, es mi culpa. Yo empecé, pero no puede pasar nada porque yo tengo 18 y vos tenés 16.

¿Para qué? Te juro que hasta ese momento yo estaba ''tranquilo'', pero por alguna razón eso medio como que dolió. Y ahí apareció de nuevo esa pregunta: ''¿somos amigos nada más?'' Justamente porque dolió, es decir, ALGO sentí. ALGO me hiciste sentir…

Después estaba todo bien, casi. O sea, yo entendía lo que me habías dicho, pero algo raro estaba empezando a pasar, aunque quizás sólo fuera el hecho de que me habías hecho sentir plenamentefeliz por primera vez en la vida.

En la semana mensajes... Y uno que decía: ''¿qué es lo que te pasa conmigo?''

¿Qué voy a pensar ahí? ''Mierda, ya la cagué''.

Así fue, de hecho, porque después me dijiste que querías hablar conmigo. Pensé que podría llegar a ser algo bueno, pero cuando por fin hablamos me pediste perdón de nuevo y me dijiste que me había imaginado todo…

Tal cual: ¡AUCH!

Así que me había imaginado todo... Eso me puso a pensar más. Peor todavía, porque entre que yo pienso demasiado, ese ''más'' me hace más mal. Pienso y pienso. ¿Me imaginé todo? ¿Me imaginé aquella sonrisa y esa respuesta a mi pregunta:

-¿Dónde voy?

-Conmigo, de una – me dijiste.

¿Me imaginé esos detalles que me marcaron? ¿Me imaginé ese mensaje que decía: ''ay, Víctor, Víctor… ¿Por qué miércoles tenés que tener 16?'' O ese otro que todavía tengo guardado y que no sé si viste el otro día:

-Gracias Víctor, en serio, por todo. ¡Sos tanto para mi pendejo! Nunca cambies. Nunca te olvides que estoy siempre. Y nunca te olvides lo mucho que te quiero.

''Nunca olvides que estoy siempre''. Y sin embargo, si bien no termino de entender qué fue bien lo que pasó (aunque seguramente fue que me apuré, o algo así), al final no estuviste siempre. Porque al tiempito, cuando yo ya me había decidido a decir

-Bueno, ya la cagaste para el ''algo más''. Al menos mantenela como amiga; tratala como amiga.

y a ponerlo en práctica, me desadmitiste. Sigo sin saber por qué. Ojalá algún día me lo expliques…

En fin, es así. A mí nunca me pueden pasar tantas cosas buenas juntas. No puedo llegar a ser plenamentefeliz. A lo sumo puedo olvidarme de los problemas, como me pasó gracias a vos.

Ahora estamos que ''somos amigos nada más'', pero ya no es como antes. Es decir, ¿somos aunque sea amigos? Porque yo te siento distante.

Y sí, ya me di cuenta de que un nene (porque intento divertirme; porque intento darle sabor a la vida; porque quiero tener esa sabiduría de niño; porque la flasheo como nadie más; porque quiero jugar, aunque siempre pierda) grande (porque siempre me dan tu edad; porque dicen que soy maduro), pero chico (porque soy más chico que vos), no puede estar con una chica más grande, de facultad, que para colmo es madura. Así que trato de ser tu amigo. Será por algo…

¿Será por algo? Yo creo que ahora estoy como volando con alas que me da la vida (porque sin duda es por la vida que te conozco) y estoy tratando de encontrarte. Pero no sirve de nada, porque no creo que me vayas a dejar aterrizar en tu corazón…

Volviendo a una de las primeras preguntas de este delirio de hoy, ¿vivo? Porque siento que me estoy muriendo. Me estoy muriendo porque estoy viviendo sin vivir; porque estoy viviendo amando. Y uno piensa que el amor no puede lastimar pero, ¿acaso nadie piensa que uno puede saturarse de amor si no tiene a quien entregarlo? Y quizás algún día explote y termine desparramando ese amor donde no corresponde, equivocándome…

¡Ni hablar! Puede ser que me esté equivocando con vos también. Pero por alguna extraña razón creo que para vivir hay que arriesgarse, y creo que vale la pena arriesgarme por vos…

El único tema acá pasa por si yo valgo lo suficiente o no para vos como para que te arriesgues.

Me gusta pensar que sí…

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Está de más decir que este brutal ataque a la pobre chica no tuvo respuesta aquel día. Vale la aclaración: hoy en día somos buenos amigos. Ahora bien, aunque no resurja aquel extraño sentimiento, supongo que algunos viejos amores (o desamores) saben traer algún recuerdo en el momento preciso, y nunca pierden del todo su dulzura.

Amar a un ángel no es cosa fácil.